martes, 8 de mayo de 2012

"Apreciado caracol: quisiera hacerle una pregunta: ¿Querría ústed bailar conmigo?. ¿Encima de su casita, tal vez?". Esta invitación no resultaría extraña (más aún, quiero decir) sino fuera porque quién la hace es un elefante, pero de este modo comienza este curioso cuento que, página a página, nos descubre el ansia escritora que tienen todos los animales del bosque.
La ardilla le escribe a la hormiga, ésta al elefante, el elefante a la ardilla, ésta al oso, la tortuga al caracol, el caracol a.... hasta una carta se escribe así misma!. ¿Pero queda alguién a quien otro alguién no le escriba una carta?..... Pues si, el pobre topo, que dada esta pobreza literaria decide, también, escribirse así mismo.
Gracias a estas misivas los niños aprenderán algo más sobre la amistad, la soledad, la glotoneria, la vergüenza, el equilibrio o la prisa. Todo el que quiere decir algo lo dice, sin más, aunque pueda sonar ridículo: "Apreciada ardilla: eso que has visto no es que el viento me volcara, no creas, es que estaba bailando. Para ti. Porque has pensado en mi. No tienes que hacer más. Tu querida mesa".
Y si piensas que hasta aquí podiamos llegar, ¡una mesa escribiendo!, lee esto:
"Hoy me gustaría contarte mis recuerdos. (...) llegué a una playa de azúcar y vi a la jirafa, que me hizo una reverencia, y me sentó en una silla de fruta confitada (...) El sol se puso en mi honor, salió la luna y llovieron gotas de miel (...) me construyeron un palacio y yo..."
Si, una hormiga con mucha imaginación para la escritura, tendrá éxito, seguro, incluso yo diría que es un poco filósofa también: "Ser hormiga, en el fondo, es algo contradictorio".
Y es que en el mundo de los cuentos todo es posible.... hasta que un oso acabe convertido en una carta, ¿no os lo creeis?, pues leer el cuento.
(Tit. Cartas de la ardilla, de la hormiga, del elefante... Tellegen, T. Destino, 2001)

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