lunes, 21 de mayo de 2012

Emotivo y aleccionador cuento que narra, entre enormes ilustraciones de árboles, pajaros, gatos y mariposas, la conversación entre un niño y su abuelo durante un atardecer y cómo, seguro, ese momento, ambos, lo recordarán siempre. La sabiduría de los mayores, la ingenuidad de los niños se entremezclan para contarnos lo importante que es vivir observando la Naturaleza. El niño aprenderá que observando y respetando el medio natural, le será más fácil conseguir lo que se propone. En algún momento sus páginas me han recordado a una de mis debilidades en ilustración: Jimmy Liao.
- Abuelo ¿tú crees que yo podría subir a lo alto del ciruelo?
- Claro que si.
- Pero, ¿tal vez debería ser más grande?
(El abuelo pone el ejemplo de los icebergs que a pesar de ser grandes, se deshacen)
- ¿Más fuerte?
(El abuelo pone el ejemplo de los dinosaurios, que a pesar de ser muy fuertes, desaparecieron)
- ¿Qué necesito?
(Y entonces el abuelo contesta con la sabiduría que dan los años)
- Paciencia, tocar, sentir, pensar en el árbol, hasta encontrar el modo de trepar por él.
¿Lo conseguirá?.....
Las ilustraciones ayudan a entender el mundo natural, son muy hermosas, en ellas prima el concepto del color, y la figura humana, tanto del abuelo como del niño quedan en un segundo plano. Los  verdaderos protagonistas, aquí, son los árboles.
(Tit: Los caminos de los árboles. Bruno, P;Cabassa M. La Fragatina, 2011)

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