sábado, 10 de octubre de 2015

La muñeca y la castañera


Cuando era pequeña había una colección de cuentos que traían en la portada lo que yo consideraba un regalo. Cada ejemplar llevaba un objeto que hacía alusión al título: El urbano Ramón, un pequeño silbato; Caperucita roja, una cestita; La ratita hacendosa, una escoba, y creo recordar Maruca, la castañera, un diminuto atizador.... ¡Qué tiempos aquellos! Y de castañas va este álbum....

Marcela es una niña que vive junto a su abuela, que es castañera, y su vieja y desgastada muñeca. Con ella lo comparte todo: desde la comida, a los besos de su abuela. En su casa las castañas se comen a todas horas, y de todas formas posibles: sopas, cremas, asadas, crudas... Cuando llega el invierno, su abuela traslada el puesto cerca de una preciosa jugetería, repleta de los juguetes más hermosos, pero también caros, muy caros. Entre ellos hay una espléndida muñeca de la que la abuela está encaprichada, y a la que si sus ancianos ojos no engañan, cree ver triste, cada vez más triste.

"Yo sé lo que te hace falta. Una niña que te quiera"

A pesar de que ella misma sabe que no va a poder comprarla, decide entrar en la tienda y preguntar el precio. Efectivamente, jamás podrá pagar, por muchas castañas que venda, un juguete tan caro. Abatida abandona el pueblo y vuelve a casa, una noche más, junto a su nieta que la espera. Y así va pasando el invierno. Marcela, con su vieja muñeca, y la anciana castañera.
Sin embargo un día, el destino le hace un guiño. Un rico señor pierde, debido a las prisas y el mal tiempo, una de las decenas de cajas con las que sale de la juguetería. La campanilla de la tienda, entonces, suena dos veces, preguntando a la anciana: ¿Crees en la suerte? Nerviosa se acerca hasta la caja, no quiere ni mirar, podría ser que la suerte si estuviera esta vez de su lado y le ayudara a... ¡Ahí está! Al abrir se topa, efectivamente, con la muñeca. De este modo podrán tirar ya la fea y desgastada muñeca. Qué contenta se iba a poner su nieta. Y al llegar a casa, entusiasmada, pletorica, ensimismada, aunque aterida de frío, le dice:

"Mira lo que te traigo"

Marcela, al ver la muñeca, se alegró, aunque no tanto como lo hizo su abuela. Era un precioso y caro regalo, si, sin duda, pero un regalo así, seguramente, no se podria estropear, ni ensuciar, ni toquetear mucho, ni...... Es un regalo que hay que proteger, cuidar, y guardarlo en una caja, en lo alto del mueble. ¿Para quién era el regalo? ¿Ha sido capricho de la abuela, o de la niña? ¿La abuela no ha sabido entender los deseos de su nieta? Quizá Marcela no haya pedido nada... ¿o si?



El final es de lo más enternecedor, y los padres seguramente os reconoceréis, o lo hareís en alguno de vuestros hijos. El mejor regalo, a veces, no se compra, no tiene precio. ¡Cómo echo de menos yo mi cuento del urbano Ramón!
(Tit: La muñeca y la castañera. Aliaga, R. OQO, 2008)

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