lunes, 16 de noviembre de 2015

Paisaje de amor


Hace poco hemos celebrado Halloween: calabazas, disfraces, chuches, demonios, fantasmas, brujas.... Todo un arsenal de herramientas para vencer el miedo. Hablar sobre la muerte nos resulta complicado, y si nos resulta complicado hacerlo a los adultos, mucho más aún si se trata de contárselo a un niño. Pero es evidente que hay que hacerlo, algún día, de algún modo. Un abuelo, una vecina, el tío del pueblo, una compañera de colegio, la mascota..... Es algo por lo que todos vamos a tener que pasar. La vida es así, y no deberíamos taparnos los ojos para no querer ver lo que es inevitable. Tristeza, abatimiento, rabia, desconcierto, ansiedad, desesperación.... todo es perfectamente comprensible. Somos humanos, no lo olvidemos. Y mi adorado Jimmy Liao sabe perfectamente como contar todas estas cosas.

Es duro echar tanto de menos a alguien, mientras entre sollozos te llega el sueño. La vida sigue, y aunque el/ella ya no esté, si lo están el paisaje, los pájaros, las nubes, o los algodones de azucar que se compartieron. Y lo que comienza en un bosque oculto por la maleza acaba por convertirse en un hermoso mar de flores, porque.... si, efectivamente, la vida sigue. Y las estaciones se suceden, y los años pasan.... Y, si uno cree en esas cosas, las personas que se han ido se convierten en ángeles que nos protegen, nos guian, y que de algún modo siguen compartiendo esas cosas. No hay nada de malo en pensar en la existencia de ángeles, ¿porque iba a serlo? Es una herramienta más para hacer del duelo un tránsito más llevadero, y así lo cuenta este espléndido álbum. Un buen modo de explicarle a un niño, y a un adulto también, como superar esos dificiles momentos. Pura poesía en imágenes. Melancólico, como tiene que ser. La vida no siempre es un Jaja Juju, y eso debemos saberlo los adultos para podérselo explicar a los más pequeños.
(Tit: Paisaje de amor. Liao, J. Barbara Fiore, 2015)


 
Hoy la recomendación es doble. Y es que os traigo un libro, lo he sacado de la Sala de adultos de la biblioteca, que al leerlo me ha parecido perfecto para que lo lean los niños. Dado el ambiente de estos último días, comprenderéis el motivo.
Maya y Mati son dos niños que viven en un pequeño pueblo donde, desde hace ya muchos años, no hay ningún animal. Ninguno. Ellos nunca los han conocido, y los adultos, que si lo han hecho, optan por dos aptitudes: no quieren hablar de ello, de ellos, se muestran contrariados, molestos, a la defensiva.... O bien hablan de su existencia en un tiempo remoto, y no les importa aceptar que les echan de menos, que la vida cuando ellos estaban era.... ¿Ningún animal es... ningún animal?  Ninguno. Los niños no saben como son las hormigas, ni las abejas, ni los caballos, ni los perros, ni las cotorras, ni.... Nada, ya he dicho.
Así que Mati y Maya están empeñados en encontrarlos, en saber la historia, en averiguar que pasó... cuando pasó. Y así es como se internan en lo profundo del bosque.....
Es este un libro que habla sobre la intolerancia, el malestar por sentirse diferente, por ser diferente. Habla sobre comportamientos que copian los niños porque se los ven a los adultos. Habla de incomprensión, de miedo, de lo absurdo que es seguirle el juego al más patán de los patanes, aún sabiendo que lo es. Habla de...la vida de los humanos, cuando dejamos de serlo. Porque si la humanidad nos define... que no sea la que nos separe.
Recomendabilísimo para leer adultos, niños, leérselo a los niños, y luego... practicar. Nunca es tarde para cambiar, nunca.
(Tit: De repente en lo profundo del bosque. Oz, A. Siruela, 2006)

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