martes, 14 de junio de 2016

Los nombres del fuego


“Xalaquia estaba convencida de que el verdadero peligro – tal y como se repetía en sus sueños – se hallaba cerca. Y la amenaza nada tenía que ver con las reyertas con los txalcaltecas, sino con algo mucho más oscuro. Mucho más lejano. Y mucho más letal”
 
“-Estábamos viviendo en D.F.  Conseguí que la empresa me mandara durante unos años porque a tu padre le había salido una oferta interesante en el Antropológico… Y allí te conocimos.
Tengo la sensación de que está hablando de otra persona. Intento encajar sus palabras con mi vida pero no me reconozco en ellas. Yo no puedo ser ese alguien a quien ahora describe. Alguien ajeno a ellos y que ahora resulta que soy yo.”

“Todos los chamanes sabían que resultaba peligroso dejar el propio destino en manos de alguien a quien ni siquiera se conocía, de modo que sólo una situación extrema podía justificar un conjuro tan peligroso como aquellos. Entregar su futuro a alguien extraño que habría de hallarse en otro lugar – y quizá en otro tiempo – era lo que más miedo le daba a Xalaquia.”
“Cada vez tengo más claro que los nombres nunca son casuales… Quizá por eso mismo odio tanto el mío. Porque no es más que un estúpido mes.”

“El tiempo no era más que uno. Uno y múltiple. Uno y circular. Un tiempo en el que, como le había enseñado la venerable Yohualli, la vida y la muerte no eran más que estados diferentes de un mismo y eterno viaje. Puede que aquellos hombres hubieran atravesado otros lugares, que estuvieran en otras esferas, pero su realidad era idéntica a la de quienes allí los recibían. Moctezuma debía darse cuenta de aquello. Y tenía que hacerlo antes de que fuera demasiado tarde…”
“Se me hace raro buscar explicaciones racionales para opciones que siempre he asociado con la ciencia ficción. Pero la irrupción de Iván en mi vida ha abierto caminos – no solo emocionales – con los que no contaba hace unos meses. Me intriga su pasión por las matemáticas y, aunque no acabe de entenderle al cien por cien, su visión del tiempo hace que todo me resulte mucho más comprensible y, a la vez, más lógico. A fin de cuentas las fronteras – el ayer, el hoy, el mañana – jamás me han sido útiles y siempre he jugado a saltármelas.”

“- Tiene todo que ver con el tiempo, Abril. Piensa en una llamada telefónica. Sabes que hay una diferencia, por mínima que sea, entre el tiempo de quien te habla al otro lado y el tiempo en que tú lo recibes. Pero tú crees que es simultáneo. Que su presente es también tu presente, ¿verdad?
-Sí.

-Pues no lo es.
-¿Y?

-Que a lo mejor todo esto tiene que ver con eso mismo. A lo mejor hay algo que está sucediendo en otro presente del que nosotros somos también parte. No te hablo de viajar al futuro ni de ciencia ficción. Te hablo de otro lugar en el que sucede otro presente que a la vez es parte y causa del nuestro.”
“La joven sonrió al comprobar que su intuición tampoco esta vez la había engañado. Era un nombre lo que necesitaba, igual que lo había sido siempre. Los nombres que habían presidido su destino y que marcaban las vidas de su gente. Ahora ya tenía el que necesitaba para que la magia hiciese su trabajo: Tláloc. Aquel era el dios al que debía destinar su conjuro. El dios que abriría las puertas de una realidad donde la sangre no alcanzase a quienes quería.”

“Pronto los nombres conocidos se mezclaron con sonidos que nada significaban para ella. Abril. Marina. Nico. Ángel. Los distinguía con dificultad aunque veía con claridad cómo las voces se sumaban y agrupaban entre sí. Cuatro parejas que ardían a su alrededor, voraces e inminentes, dispuestas a acabar lo que el conjuro de Xalaquia había comenzado.”
¡Magnífica! Supongo que no soy demasiado objetiva ya que, como sabéis los que me seguís, toca una de mis pasiones, pero debo decir que lo hace, de una manera brillante, tanto, que me ha picado otra vez el gusanillo de estudiar cultura azteca.
Tras la enorme decepción de Las hijas de las tormentas de Jordi Sierra i Fabra (reseñas de septiembre/diciembre 2013) pensaba que no iba a encontrar una historia que contase “la historia” que yo había estudiado en la facultad, de manera amena, ofreciendo al lector la oportunidad de conocer una civilización tan fascinante del mismo modo que yo lo hice. Siempre quise encontrar novelas donde quedara reflejada la admiración, la pasión y el respeto con los que yo me acerqué a mayas, aztecas o incas, hace ya mucho tiempo, mostrando además la belleza de tan extraordinarias culturas.
Y mira tú por dónde me encuentro con este maravilloso libro. Bien escrito, muy bien documentado, muy entretenido, fascinante. Utilizando las nuevas tecnologías lo justo (a golpe de tuits y wasaps se suceden las pistas) aprovechando la música y el inglés (iconos juveniles por excelencia) va saltando del México del siglo XVI al Madrid del XXI de manera pausada, pero cogiendo impulso en cada nuevo capítulo para ofrecer más datos: historia, religión, magia, física cuántica, literatura…
Ha sido una gozada leerlo, breve eso si (me lo zampé en un solo día porque no podía dejarlo a medias) Una historia, mejor dicho dos, que se solapan en el tiempo. Cuatro maravillosos nombres aztecas (Xalaquia, Zeltzin, Izel y Ocelotl) que tienen su reflejo en los de cuatro jóvenes de un instituto madrileño, que se ven envueltos en una mágica, sorprendente, peligrosa y excitante aventura, que les llevará, en una excursión programada a París, a vivir momentos trágicos que no olvidarán nunca… ¿O tal vez si?
No es que os lo recomiende es que… ¡¡¿Qué hacéis que no lo estáis leyendo ya mismo?!! La mejor de las lecturas para los primeros días de vacaciones, sin duda.
(Tit: Los nombres del fuego. López, Fernando J. Santillana, 2016)

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