Sólo un deseo

Peter es un niño raro, solitario, silencioso, al menos eso dicen de él su familia. Ahora que se han tenido que trasladar, por su culpa al parecer, a un lugar perdido de Texas, sus rarezas, si cabe, se notan aún más. Le gusta la soledad del paisaje, escuchar el  aullido del viento, contemplar las nubes y pasear por el valle...
Annie ha descubierto hace poco su pasión por el arte, por el arte de la Naturaleza en concreto, Todo lo que le rodea puede convertirse en un objeto artístico, y lo sabe bien porque ha descubierto un artista que hace cosas maravillosas con piedras, árboles, ramitas.... Quiere ser artista, como ese señor, pero no sabe si le dará tiempo, su vida puede ser muy corta, puede que no dure mucho, está enferma, tiene leucemia....
El destino hará que se conozcan. Nada sucede por casualidad. Peter y Annie tienen que conocerse porque al hacerlo cambiarán sus vidas, y lo harán para ayudarse. Juntos descubrirán que los deseos, cuando se desean con todo el corazón, con toda la fuerza, acaban por cumplirse, y más aún si estás en un valle mágico que parece escuchar y ayudar a quién realmente lo merece. Pero no les va a resultar fácil porque, la Naturaleza está de su parte, si, pero los humanos, los otros humanos, los que les consideran unos bichos raros tan solo por no ser como ellos, van a utilizar toda su crueldad.
Los dos personajes son encantadores, en contraste con los otros chicos del pueblo cuya personalidad se acerca más a la de unos psicópatas que a unos chavales de su misma edad. La familia de Peter tampoco sale bien parada: unos padres inmaduros, más preocupados por sus problemas de autoestima y trabajo que por sus hijos. En este caso aprenderán una lección muy importante de la mano de  Peter que les llevará hasta las lágrimas.... Y es que debe ser tan frustrante darse cuenta de que no entiendes nada de lo que le pasa a tu hijo, simplemente porque no le escuchas.... Pero nunca es tarde para aprender, y uno de los mensajes de esta historia es precisamente ese. Sin embargo lo más importante de esta historia es aceptar el hecho de que no todos somos iguales, que es una bendición que seamos tan diferentes, que nos gusten cosas distintas, que sintamos de un modo diferente aún cuando seamos parte de la misma familia. Lo importante es admitir lo grandiosos y únicos que somos como seres humanos, y eso es algo que hay que fomentar, transmitir y valorar desde la infancia. ¿Tan complicado resulta?
Os dejo uno de los párrafos que mejor explican y resumen esta maravillosa historia que no podéis dejar de leer.  

"Lo que estaba pensando es que sabía exactamente como ella se sentía sobre querer ser quien era. Yo también me había sentido igual el año pasado. Cuando me estuvieron matando un poco por dentro, cada día, y nadie me escuchaba. Papá me había dicho de mil y una formas que si dejaba de ser un blandengue - la persona que yo era - mis problemas se esfumarían. Mamá me había apuntado a toda clase de actividades habidas y por haber, esperando que cambiara de algún modo. Que mejorara, Que fuera distinto.
Annie era la primera personas que me decía que le gustaba...tal como era."
(Tit: Solo un deseo. Loftin, N. Ediciones Urano, 2015) 

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