Andanzas de un flautista llamado Tristrás
"Era una mañana como cualquier otra. Excepto por los cuervos". Pues ya no es una mañana como cualquier otra, ¿no? Porque, yo no sé Tristrás, pero cualquiera ve decenas, cientos de ellos y se mosquea. No es para menos. Los cuervos resultan no ser cuervos sino hadas madrinas, al menos tres de ellos. En concreto: Griselda, Grimelda y Grunilda. "- ¿Co..., cómo sabéis mi nombre? - balbuceó Tristrás" No solo desconocía que tuviera hadas madrinas o tías como ellas mismas se presentan, es que ni siquiera recuerda que fuera su cumpleaños. " -¡Tus regalos de cumpleaños! - dijeron las tres a la vez. - ¿Mi cumpleaños? ¿Hoy? Vaya, pues no tenía ni idea... Gracias... Una cuerda siempre viene bien... - dijo Tristrás mientras se la anudaba alrededor de la cintura para sujetarse los calzones -. ¡Mira por dónde, parecía algo corta, pero resulta que es justo de mi talla!" Vaya regalo más cutre, pensaréis con toda la razón. Sin embargo, la cuerda resulta ser la maroma del ...