101 maneras de leer a todas horas

 

                                AVISO 

Las 101 maneras de leer todo el tiempo seleccionadas en esta obra ilustran los distintos efectos, a veces imprevisibles, que tiene la lectura en los seres humanos. Sin embargo, conviene advertir que ciertas posturas no pueden ser reproducidas por adultos sin la supervisión de un niño.

Conclusión: los niños son de goma, los adultos no. 

El girasol, el clásico, la plastilina, el chihuahua, la diva, la sombrilla, el loto, el avestruz, la gamba, la romántica, la pasarela, el jinete, el muñeco de nieve, el que se queda sin recreo, el nenúfar, la contorsionista, el pensador...

Para el nenúfar se inventaron los libros plastificados (aunque solo para bebés, habrá que decirles a los editores que los más mayores también los necesitamos). A la pasarela no le incomoda esa posición imposible entre la silla y la mesa (suerte de tener pocos años...y poco seso). La contorsionista ha sentido envidia de su gato y trata de imitarle. Lo más importante para la diva es tener audiencia, aunque sea una bandada de pajarillos que la escuchan amorosos. El que se queda sin postre no se queja, sobre todo si tiene una buena historia entre manos...

En fin, 101 maneras de leer, de leer a cualquier hora y en cualquier momento. Leer solo, acompañado, en pareja, con amigos, en familia, en grupo o en multitud. De cualquier modo por imposible, estrafalaria y ridícula que sea la postura. Quién no se ha pasado una parada de metro, se ha quemado la espalda, ha acabado con un libro dentro de la bañera o disfrutado de una tarde de lluvia, en el sofá, con un buen libro y una taza de te. Pues eso, LEER.

Muy divertido. Para disfrutar...e imitar (cada uno en la medida de sus posibilidades, ¡claro!)


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