Los exploradores del Tiempo. El oro de los incas
Una nueva aventura de la pandilla (Cristina, Víctor, Celoni,
Cali e Ibis) los lleva hasta la civilización inca. El profesor Zapatóstenes
quiere añadir a su colección un pututu. ¿Ya empezamos con las palabras
raras? No os preocupéis que para esto estoy yo aquí. Un pututu es en
realidad un instrumento musical, una caracola que utilizaban los mensajeros para transmitir sus mensajes a largas distancias. Sigamos, el plan es aterrizar en Cusco, la
capital del Imperio inca, en el momento en el que se celebra la fiesta del Inti Raymi coincidiendo con el solsticio de invierno. Pero…
“Eh, chicos. Mi GUISANTE traductor no funciona. No
entiendo ni una palabra de lo que dice esta gente. ¿Me has oído Cristina?
¿Estás bien?”.
¡¿Cómo va a estar bien?! Cristina se ha dado cuenta de que ha habido un problema, un problema enorme, y que lo que tienen justo enfrente no es otra cosa que el Templo Mayor de Tenochtitlan. Y además han llegado en el peor momento: ¡están haciendo sacrificios humanos!
"De repente, un grupo de personas les impidió continuar. Tenían caras de enfado y se dirigían a ellos en una lengua que no comprendían. Gesticulaban y alzaban la voz. Cada vez estaban más exaltados".
Calma, el bueno de
Archi no lo ha dudado ni un instante y allí está, dispuesto a ayudarles una vez
más. Aunque quizá el momento que ha elegido no sea el más adecuado.
“Has venido desde la salida del Túnel del Tiempo hasta
aquí con tu uniforme de mayordomo. Y has llamado tanto la atención que hay una
muchedumbre esperándonos. No nos ha servido de nada DESPISTAR al otro
grupo”.
Que no cunda el pánico. Víctor, encaramado a un tejado, se
encargará de despistar - esta vez definitivamente - a la muchedumbre que se
agolpa para ver a ese extranjero que habla raro. Y ahora sí, la máquina del
tiempo les espera para llevarlos hasta el siglo XV cuando los incas son dueños
y señores del territorio.
“Me permito recordar – intervino Archi – que la Máquina
del Tiempo nunca ha sido usada dos veces en un mismo día. Y que no hay ninguna
garantía de que la REPARACIÓN que ha hecho el profesor haya sido
exitosa”.
No hay nada a lo que teman estos valientes. Ya de por sí lo
de meterse en un lavavajillas y pensar que es un túnel del tiempo es toda una heroicidad. ¡Ja! ¿Quién dijo miedo?
Por cierto, hablando de miedo… Los exploradores no han mencionado en ningún
momento a Maléfico. ¿Estará en esta nueva aventura? ¿Se habrá disfrazado de
llama, de sacerdotisa del sol, de mensajero…? ¿Habrá decidido ya cuándo atacarlos?
¿Lo hará?
No lo dudéis ni por un momento. Pero los exploradores
conseguirán su objetivo, aunque no sin antes pasarlo realmente mal. Por el
camino conocerán a una aclla, un chasqui y un curaca,
comerán quinua, cruzarán el rio Urubamba, se cruzarán con una momia en
procesión, y descubrirán que el mullu, una preciosa concha de color
rojizo, se utiliza para algo más que lucirlo en un collar.
Si ya disfruté del anterior libro de Los exploradores del
Tiempo (Las flechas de los siux), qué decir de este que me ha transportado
a dos de mis civilizaciones favoritas. Aunque bien es cierto que el paso por
Tenochtitlan ha sido breve, la experiencia ha sido intensa (jejeje).
Reconozco en estas aventuras una diversión muy bien
gestionada: el ansia de conocimiento es la llave. En esta ocasión las
Bibliocronohistorias son tan acertadas como ingeniosas: habla quién descubrió
Machu Picchu para contarnos que en realidad el nombre debería ser otro;
Malinche explica la diferencia entre mexicas y aztecas; Copérnico habla sobre
el solsticio de invierno y el creador de la Tabla Periódica nos descubre que el
Numero 2 es el Helio… Alimentación,
fauna andina, caminos incas y dioses completan la documentación. Aunque sigo
encontrando errores e imprecisiones, el resultado general – y sobre todo su intencionalidad
- es más que aceptable.
Un nuevo acierto de la editorial El Pirata a la que no
dejaré de agradecer su apuesta por acercar la Historia de las grandes
civilizaciones a los más pequeños. Muy recomendable como lectura de apoyo, pero también para pasar un buen rato. Estas aventuras de los exploradores son realmente divertidas.

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