Los exploradores del tiempo. Las flechas de los siux
"El señor Maléfico tiene dos obsesiones: atesorar riquezas y hacer FRACASAR los planes del profesor Zapatóstenes".
Efectivamente, pero para que eso nunca se haga realidad la pandilla de los Exploradores del Tiempo hará todo lo que está en sus manos...en sus manos, en sus pies, en sus patas y picos... Bueno, en realidad patas y pico solo tiene Cali, la "Dragona", el ornitosaurio que acompaña a Cristina, Víctor, Ibis y Celoni en sus aventuras a través del tiempo.
En esta ocasión, el profesor Zapatóstenes les envía hasta el siglo XVII, a Norteamérica, en concreto a la región de los lagos donde viven los indios siux. Necesita incorporar a su HIPERMEGASUPERBIBLIOMUSEO una aljaba. ¿Y qué es eso?, os habréis preguntado. Vale, si no os lo habéis preguntado, os contesto de todos modos: una aljaba, también llamado carcaj, es una bolsa donde guardar las flechas. Lo explica mucho mejor el profesor:
"Es un estuche alargado, abierto por la parte superior, que se cuelga en la espalda. Sirve para llevar flechas. Hum, iréis a buscarlo al año 1624, antes de que los LAKOTAS tuvieran contacto con los europeos".
Una vez disfrazados, y ya dispuestos a meterse en el lavavajillas... No, no están sucios, es que a la Máquina del Tiempo se accede por ahí. ¡¿No es genial?! Vale, pues una vez vestidos de indios siux, plumas incluidas, e ingeridas las legumbres hablalenguas que les harán entender y hablar perfectamente el idioma, los cuatro valientes se disponen para la aventura.
"En cuanto Celoni hubo entrado en el Túnel del Tiempo y la puerta del lavavajillas se cerró detrás de él, empezaron a FLOTAR rodeados por millones de estrellas. Cristina fue la primera que consiguió apoyarse en la pared transparente del túnel y quedarse pegada. El último fue Celoni, que tardó un rato en dejar de dar VOLTERETAS. Como siempre, tenían la sensación de estar cayendo a toda velocidad por un tobogán invisible".
En las praderas norteamericanas primero se toparán con un enorme oso gris del que tendrán que huir despavoridos tras darse cuenta de que no era uno de esos animales "de pega" que ayudan a Maléfico. Después les saldrá al encuentro un comerciante francés, Olivier, que les confiará su gran secreto: está perdidamente enamorado de Loba Salvaje, y como ella le trata fatal llora amargamente. ¿Puede ser este francés bobalicón Maléfico? ¡No!... ¿No?
Cuando por fin llegan al poblado, en realidad son los ronquidos de Celoni lo que les ha alarmado y han enviado a un guerrero en su busca, la tribu les recibe con un poco de recelo. No se creen que sean siux sino ojibwas, tribu con la que se llevan fatal.
"No son lakotas. Son ojibwas. Espías ojibwas".
Será complicado descubrir entre esta gente a Maléfico antes de que él se apodere de la aljaba. Aunque puede que haya un motivo para la esperanza.
"La exposición de los hechos tan detallada que acaba de hacer es una noticia excelente: se confirma que el señor Maléfico no sabe nunca el momento exacto de la historia al que ustedes viajarán. Por eso necesita emplear tanto tiempo e, incluso, adoptar dos identidades diferentes".
¿Habrá viajado Maléfico a tiempo para hacerles la vida imposible a los exploradores? ¿Conseguirán los chicos, y la Dragona, encontrar el objeto que tanto ansía Zapatóstenes? ¿Les dará tiempo a fumar la pipa de la paz con el jefe siux? Disponen solo de tres días para resolver todos los problemas que les salen al paso, convencer a los indios de que proceden de otra tribu lejana, conseguir la aljaba, y encontrar de nuevo la entrada al túnel. ¡Solo tres días!
Aunque con alguna imprecisión y algún dato erróneo (lo siento, pero aquí me sale la antropóloga de formación que soy), como cuando se habla del cuerpo tatuado del Gran Jefe (los siux no utilizaban tatuajes sino pinturas temporales), o que en los cuentos hablan de fantasmas (no, son espíritus), esta serie de los Exploradores del Tiempo resulta muy entretenida. No sólo eso, además de personajes divertidos y aventuras disparatadas, el objetivo es que los chavales viajen en el tiempo para descubrir otras civilizaciones, y eso lo consigue a través de la documentación que figura durante la historia, y después con la Bibliocronohistorias. Resulta muy alentador que se le siga ofreciendo a los más pequeños historias que tienen a la Historia como protagonista. Muy recomendable. Estoy deseando leer más títulos, sobre todo El oro de los incas, ¡claro!

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