El rinoceronte del rey
"Jesús Marchamalo y Antonio Santos hacen unos libros preciosos y pequeños sobre cosas también pequeñas y preciosas". Así comienza el prólogo de este libro que, para no desentonar con el, es un prólogo precioso y pequeño. Es más, creo que no podría ser de otro modo y que al leerlo te da por pensar si el libro va a ser tan precioso y pequeño como se anuncia.
Los dos autores, como recuerda el prologuista, nos tienen acostumbrados a los libros preciosos y precisos sobre pequeños detalles en la vida de grandes escritores como Delibes, Wolf, Blixen, Kafka o Pessoa. Pequeñeces como unas gafas, un bolso, una bicicleta, o usar tinta violeta en la vida de grandes nombres de la literatura no parece, a priori, tener la más mínima importancia, y sin embargo lo son. Características, detalles, peculiaridades que les hacen ser quienes son, mostrarlos tan singulares como nos parecen por sus obras, eso es lo que acaban siendo esta biografías ilustradas publicadas con tanto acierto por Nordica.
El rinoceronte del rey es otra pequeña joya de estas mismas características. Una pequeñez, no se le puede llamar de otro modo a la llegada del primer rinoceronte a Europa, en un siglo (XVI) que verá nacer la Contrarreforma, coronar al primer zar de Rusia, a Miguel Ángel pintar la Capilla Sixtina, o a Maquiavelo escribir El príncipe. Una sublime pequeñez cuyos protagonistas el libro disecciona en unas pocas páginas, con la ayuda de unos grabados que acompañan, más que ilustran, porque como ya dice la frase, "Menos es más", y este libro lo cumple a rajatabla.
Un rey, un elefante, un rinoceronte, un artista, y un Papa. Podría parecer un chiste pero no lo es. El rey portugués, Manuel I, un apasionado de la botánica, y la zoología, empeñado en reunir en su Casa de Fieras, todos aquellos animales exóticos llegados de las colonias. El elefante pertenece, precisamente, a esa Casa de Fieras, y será el animal elegido para enfrentarse al rinoceronte (si, ya en esos tiempos el ser humano se empeñaba en poner, quitar, cultivar, trasladar, criar o matar a su antojo. En fin, somos así, que le vamos a hacer). El rinoceronte indio, de nombre Ganda, regalo del sultán de Ahmedabad, Muzaffar Shah, al rey de Portugal, que llegó a Lisboa el 20 de mayo de 1515 causando el consiguiente estupor entre la población. Durero, el artista, consiguió, con las anotaciones del mercader y dibujante Valentin Ferdinand tan prodigioso quien si pudo verlo en los jardines del palacio, hacer un magnífico retrato de Ganda, tan convincente y realista que el grabado a lo largo de dos siglos sucesivos se convertiría en la imagen del animal, y casi la totalidad de sus representaciones en libros de zoología y enciclopedias, se inspiraron en el. Por último el Papa, León X, a quien se le quiso hacer un regalo para comprar sus favores (en aquella época la Iglesia aún tenía mucho poder) pero una tormenta lo arruinó, después de que Ganda volviese a surcar los mares para ir de visita a Roma...
Hablaba yo de pequeñez al principio, en un siglo con numerosos acontecimientos y fechas a destacar, pero... ¿Acaso no fue importante para Durero el conseguir pintar un retrato sin conocer al retratado? o ¿Qué pensarían las miles de personas que contemplaron un animal como aquel? ¿Acaso no fue un día memorable para ellas? ¿Y para un rey apasionado por la zoología? ¿Y que supuso para Ganda convertirse en el primer rinoceronte que pisaba tierras europeas? No lo sabremos nunca, pero si que tras este acontecimiento otros rinocerontes visitaron el continente, dieron nombre a alguna calle, pusieron de moda un peinado, y hasta pasearon en carromato por las grandes capitales. Si, parece que hubo una rinomanía mucho antes del "animal print".
"...estos libros pequeños, que se leen en un rato, dan sin embargo la impresión de decir mucho, porque se fundamentan en las artes mágicas de la sugerencia. Son leves como el humo, pero en ellos está el resplandor y el calor de la hoguera". Ya lo dice Luis Landero en el prólogo, y yo no lo podría decir mejor.
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