El otoño del oso
De nuevo os propongo la lectura de un autor japonés, y ya sabeís que no lo hago a propósito... es el destino que guia mis manos al elegir las lecturas....
En este caso la historia se desarrolla en las montañas de Hokkaido, pero perfectamente podría ser los picos de Europa, y los protagonistas una pareja de osos, madre e hijo, que ante la llegada del invierno deben comer para poder hibernar sin que les entre un hambre atroz, y les suenen las tripas cada dos por tres (en realidad tampoco se iban a enterar porque estarían durmiendo, pero bueno, más vale prevenir).
Primero se dedican a comer uvas silvestres, bayas y demás frutos que sabemos proliferan en estas fechas otoñales. Entonces el osito, que como todo cachorro es muy curioso, decide subir a la copa de un árbol, desde el que puede contemplar un hermoso río, y es que esa misma noche su madre le llevará a ese río para enseñarle a cazar salmones, será su primera caza y con suerte si se le da bien, será su primer bocado a un salmón.
Y eso hacen, al anochecer se sientan en la orilla del río a esperar.
- ¿Vendrán?. ¿Tú crees que vendrán? - le pregunta expectante a su madre.
- Claro que si - responde ésta muy segura.
Y en efecto, poco tiempo después, un hermoso banco de salmones aparece. Al principio parece fácil cazarlos, al menos su madre lo consigue en el primer intento, pero al pequeño le cuesta un poco más, sin embargo...
"Qué rico está el salmón que ha pescado él solo".
Y es que no hay nada como la recompensa tras un gran esfuerzo, ¿verdad?.
Cuando vuelven a la cueva el osito, una vez dormido, sueña con un enorme pez , un gran pez tan brillante como las estrellas que le alumbran, y que nada lentamente surcando el cielo.
(Tit: El otoño del oso. Tejima, K. Juventud 1990)
En este caso la historia se desarrolla en las montañas de Hokkaido, pero perfectamente podría ser los picos de Europa, y los protagonistas una pareja de osos, madre e hijo, que ante la llegada del invierno deben comer para poder hibernar sin que les entre un hambre atroz, y les suenen las tripas cada dos por tres (en realidad tampoco se iban a enterar porque estarían durmiendo, pero bueno, más vale prevenir).
Primero se dedican a comer uvas silvestres, bayas y demás frutos que sabemos proliferan en estas fechas otoñales. Entonces el osito, que como todo cachorro es muy curioso, decide subir a la copa de un árbol, desde el que puede contemplar un hermoso río, y es que esa misma noche su madre le llevará a ese río para enseñarle a cazar salmones, será su primera caza y con suerte si se le da bien, será su primer bocado a un salmón.
Y eso hacen, al anochecer se sientan en la orilla del río a esperar.
- ¿Vendrán?. ¿Tú crees que vendrán? - le pregunta expectante a su madre.
- Claro que si - responde ésta muy segura.
Y en efecto, poco tiempo después, un hermoso banco de salmones aparece. Al principio parece fácil cazarlos, al menos su madre lo consigue en el primer intento, pero al pequeño le cuesta un poco más, sin embargo...
"Qué rico está el salmón que ha pescado él solo".
Y es que no hay nada como la recompensa tras un gran esfuerzo, ¿verdad?.
Cuando vuelven a la cueva el osito, una vez dormido, sueña con un enorme pez , un gran pez tan brillante como las estrellas que le alumbran, y que nada lentamente surcando el cielo.
(Tit: El otoño del oso. Tejima, K. Juventud 1990)
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