Los imaginarios
"Rudger es el mejor amigo de Amanda, pero Rudger no existe...nadie es perfecto"
La madre de Amanda lo lleva muy bien, le sigue la corriente a su hija, quizá porque ella, siendo pequeña, también tenía un amigo imaginario algo peludo: un perro llamado Frigo.
Rudger, en cambio, es un niño, un niño que tiene mucha paciencia porque Amanda puede resultar un poco marimandona y egoistilla.
"Rudger comprendió que el problema de Amanda era que no se fijaba en las cosas" y que el hecho que fuera fruto de su imaginación "No significaba que tuviera derecho a ignorar sus sentimientos".
Vale, Rudger es un fantasma, un sueño, o simplemente fruto de la imaginación de Amanda, pero no es tonto, mucho menos cobarde, y esto último tendrá oportunidad de demostrarlo porque a ambos les acecha un peligro cuyo nombre es Señor Bunting. ¿Quién es ese señor con nombre de postre? Pues un comedor de imaginarios. ¡Claro, como si los imaginarios existieran! ¡Ja, eso es mentira! no existen los comedores de imaginarios (sea lo que sea eso) nadie puede comerse a alguien que no existe, ¿no?... Pues me temo que el Señor Bunting se alimenta de imaginarios, es decir de personajes imaginados por los niños. El Señor Bunting rastrea, huele y encuentra a los imaginarios, por eso ha ido a casa de Amanda, porque sabe que allí hay uno. Y sucede que la niña en su afán por perseguirle, por saber quién es, se mete en un buen lío, y termina en el hospital inconsciente.
¿Que pasará entonces con Rudger si ella ya no puede verle, ni sentirle, ni imaginarlo? ¿Desaparecerá sin más? Pues no queridos míos, con Amanda en el hospital comienza la aventura de su imaginario hasta conseguir que... Hasta conseguir que os lo leáis de un tirón. ¡Ale, a empezar hoy mismo!
(Tit: Los imaginarios. Harrold, A.F. Blackie Books, 2017)
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